

El material empleado para la construcción del hórreo es fundamental y casi exclusivamente la madera. Casi nunca se emplea el hierro, ni siquiera para ensamblar o remachar las tablas; la piedra aparece sólo como en los tornarratas y, como sustituta de la madera, en algunos pegollos. En las cubiertas, sobre el entramado de madera, se coloca paja, pizarra o teja curva (llamada con frecuencia «árabe»).
El hórreo se levanta del suelo por medio de cuatro o más apoyos consistentes en columnas de madera o piedra de metro y medio a dos metros de alto y de forma troncocónica (más anchas en la base que el parte superior). Son los «pegollos», patas o pies derechos, casi siempre de madera, aunque hay algunos ejemplares de piedra, como en el caso de Felechas.
Estos pegollos no suelen apoyarse directamente en el suelo, sino sobre unos dados de piedra denominados en Asturias «pilpayos», que, en el caso de los pegollos de madera, evitan el deterioro que supondría el contacto continuo con la tierra. Estos dados permiten además corregir el desnivel del suelo y equilibrar el hórreo.
Sobre los pegollos se colocan unas lajas de piedra más o menos redondeadas, que sobresalen en derredor, denominadas «tornarratas», pues su misión es evitar que los roedores puedan acceder a los productos almacenados.
La base de la plataforma es el cuadro, formado por cuatro vigas gruesas, generalmente de roble, llamadas traves, cuadrales o pontones, que se ensamblan en las esquinas y sobre las que se coloca el piso.
Sobre el cuadro se colocan las paredes del hórreo, formadas casi siempre por tablas verticales, aunque en el noreste abundan los ejemplares con las tablas dispuestas horizontalmente. El ensamblaje de todas estas piezas se realiza tradicionalmente mediante espigos y escopladuras; sólo modernamente se ha recurrido a remaches, puntas, clavos o tornillos.
Con frecuencia, para contrarrestar el enorme peso de la cubierta, se colocan unos refuerzos que abrazan las paredes en las esquinas o unos «tornapuntas» que descargan la fuerza directamente sobre el cuadro.
Las paredes del hórreo se completan con otro cuadro, similar al inferior, pero con vigas menos gruesas. Sobre ellas se colocará el armazón que soportará la techumbre. La cubierta del hórreo fue tradicionalmente de paja de centeno y así se ven aún los que se conservan en Ancares, Bierzo Occidental y Laciana; posteriormente las cubiertas evolucionaron hacia la pizarra, en los bercianos y lacianegos, o la teja, en la montaña oriental (no faltan, en los últimos años, monstruosidades a base de uralitas o chapas).
La techumbre predominante es a cuatro aguas, con pequeños aleros que sobresalen del cuerpo, pero son muy frecuentes, especialmente en la montaña oriental, los construidos a dos aguas. Hay casos excepcionales a tres aguas en Felechas.
El acceso al hórreo se realizaba de formas muy distintas, siendo la más frecuente una pequeña escalera de piedra (en Prioro son abundantes los hórreos que cuentan con una escalera tallada sobre un tronco) que no llega al vano de la entrada para evitar el paso de roedores.
Su interior podía ser compartido, estableciéndose divisiones.
En nuestra provincia no se han difundido los hórreos con barandilla, al estilo asturiano, salvo en algunas construcciones recientes. Tampoco es frecuente cerrar el espacio de debajo del hórreo para lograr un segundo habitáculo, aunque hace algunos años se modificaron algunos para conseguir así una cochera, un trastero, un gallinero o un leñar cerrado.
Los hórreos están protegidos por la Junta de Castilla y León, según decreto 69/1984 de 2 de agosto. Diputación de León y Junta de Castilla y León convocan periódicamente ayudas para la conservación, restauración y rehabilitación de construcciones tradicionales.
El acceso al hórreo se realizaba de formas muy distintas, siendo la más frecuente una pequeña escalera de piedra (en Prioro son abundantes los hórreos que cuentan con una escalera tallada sobre un tronco) que no llega al vano de la entrada para evitar el paso de roedores.
Su interior podía ser compartido, estableciéndose divisiones.
En nuestra provincia no se han difundido los hórreos con barandilla, al estilo asturiano, salvo en algunas construcciones recientes. Tampoco es frecuente cerrar el espacio de debajo del hórreo para lograr un segundo habitáculo, aunque hace algunos años se modificaron algunos para conseguir así una cochera, un trastero, un gallinero o un leñar cerrado.
Los hórreos están protegidos por la Junta de Castilla y León, según decreto 69/1984 de 2 de agosto. Diputación de León y Junta de Castilla y León convocan periódicamente ayudas para la conservación, restauración y rehabilitación de construcciones tradicionales.


SU CONSTRUCCION



