


El Principado de Asturias
cuenta con numerosos yacimientos arqueológicos repartidos a lo largo de toda
su geografía. Los de los primeros pobladores de Asturias se sitúan en el
Paleolítico Inferior, hace aproximadamente 100.000 años. Desde esta fecha
tan lejana, diferentes pueblos han ocupado estas tierras (astures, celtas,
romanos...), y han dejado huellas de su existencia por medio de pinturas,
grabados, castros, dólmenes, utensilios, termas...; y a su vez estos hombres
se han ido adaptando a los sucesivos cambios climáticos, variedad faunística...,
lo que se ha reflejado y ha generado una gran diversidad cultural.
Fruto, por tanto, de las culturas que han dejado su impronta en el
Principado de Asturias, actualmente se localizan multitud de yacimientos
arqueológicos que evocan un rico pasado. Se trata de muestras de primer
orden de arte parietal, arte tumular, cultura castreña, villas romanas...,
que abarcan desde el Paleolítico hasta la Época Romana.

Ribadesella posee en sus proximidades y, en parte, dentro de su
mismo casco urbano, una riqueza como es el macizo de Ardines, donde
se encuentra la Cueva de Tito Bustillo. El conjunto del macizo de
Ardines reúne al menos 10 cuevas, de las que todas tienen restos de
habitación del Paleolítico. La Cuevona de Ardines situada sobre Tito
Bustillo, fue excavada en 1899 por Justo del Castillo y Hernández
Pacheco en 1912. Otras como la Lloseta fue excavada por F.Jordá en
los años 50.
Tito Bustillo fue descubierta en 1968 por el grupo espeleológico
Torreblanca, del que formaba parte Celestino Bustillo “Tito
Bustillo”, quien murió días después del descubrimiento en accidente
de montaña. Accedieron a la cueva a través de la sima Pozu´l Ramu,
también llamada la Cerezal por encontrarse un cerezo en sus
proximidades.
En 1970 se realizan las primeras excavaciones a cargo de García
Guinea. Poco más tarde se haría el túnel de entrada a la cueva, lo
que provocó la alteración de las condiciones ambientales originarias
de la cueva.
A partir de 1972 comenzó a excavar A. Moure Romanillo; Y desde 1974
comenzaron los estudios sistemáticos dirigidos por Moure Romanillo y
Rodrigo Balbín. Tito Bustillo tiene XII conjuntos grabados y
pintados que se desarrollan a lo largo de 800 metros. Los autores
entraban por el lado contrario al actual; allí se desarrolló la
excavación que dio a conocer piezas de sílex, objetos de hueso,
espátulas azagayas y arpones. Hacia el interior se encuentra la
galería Principal, donde se suceden figuras de renos y caballos
sobre un fondo de grandes figuras rojas de mayor antigüedad.
Grabados y pinturas se superponen a lo largo de más de 10.000 años:
desde el 25.000 hasta el 10.000 antes del presente. Hay otros dos
paneles en la galería principal, con figuras de menor tamaño.
Las figuras se suceden a lo largo de la cueva, a los lados y en
galerías laterales, como el conjunto de la Galería de los Caballos,
donde se grabaron alguno de los más bellos del paleolítico
aprovechando los resortes naturales de la pared. En el conjunto VII
encontramos una de las pocas figuras de cetáceo que conocemos en el
Arte Paleolítico, grabada sobre la pared en un trazo muy superficial
raspado y acompañado de cabra y bisontes. Según vamos llegando al
final de la cueva, aquel por el que ahora entran los visitantes, las
figuras son más raras, y, posiblemente, más antiguas. Al ascender
por una galería lateral nos encontramos con la presencia de la única
cámara conocida dedicada a la figura y al sexo femenino en el Arte
Paleolítico. La figura de la mujer de perfil, que tiene pintado el
sexo de frente y aprovecha los resaltes de la pared para conformar
los perfiles femeninos. Se parecen mucho a los que están en la capa
inferior del Panel principal, marcando el estilo de épocas más
antiguas. Hay figuras femeninas en todo el Paleolítico, pero no
espacios, como en “Tito Bustillo” dedicado exclusivamente a ellos.
También en la Lloseta hay espacios dedicados al sexo masculino. La
Lloseta se encuentra encima de Tito Bustillo, con la cual se
comunica. Restos de arte también quedan, muy perdidos, en la Cuevona
de Ardines, y mejor conservados en Les Pedroses. El conjunto de
Ardines es un espacio único, habitado durante más de 10.000 años, en
el Paleolítico Superior y otros tantos en el Paleolítico Medio
Anterior, hasta que la climatología se dulcificó hace unos 8.000
años antes de nuestra era.
Asturias es rica en
testimonios de la última fase del Paleolítico, entre el 35.000 y el 9.000 a.
de C., siendo las pinturas y grabados que podemos observar en las paredes de
algunas cavernas, huellas inequívocas de la existencia de grupos de
cazadores y recolectores del Paleolítico Superior. Buena muestra de este
tipo de arte parietal en nuestra región, que en alguno de los casos nos
equipara a los grandes centros de arte rupestre paleolítico de Europa, son
las cuevas de Tito Bustillo (Ribadesella), El Buxu (Cangas de Onís), La Peña
(Candamo), El Pindal (Ribadedeva), La Loja (Peñamellera Baja)...
Estos restos arqueológicos son un ejemplo de la actividad de las diferentes
comunidades prehistóricas, que lentamente se fueron convirtiendo en
sociedades cada vez más sedentarias, fruto de su evolución y adaptación al
medio que les rodeaba.
El proceso de sedentarización, iniciado en periodos anteriores, se generaliza desde los 9.000 a los 4.000 años. La revolución neolítica supondrá la creación y desarrollo de los primeros poblados, así como la progresiva domesticación de plantas y animales, pasando por tanto de una economía de depredación a otra de producción, aunque sin abandonar por completo la caza y la recolección. Esta evolución, junto a nuevos factores mítico-religiosos, llevarán a las primitivas comunidades asturianas a construir grandes monumentos funerarios, los dólmenes, en la etapa cultural del Eneolítico. Ejemplos de este tipo de enterramientos son: el dolmen de Merillés (Tineo), el de Santa Cruz (Cangas de Onís), el de Pradías (Ibias)... Así mismo, en la Edad del Bronce, se produce un cambio fundamental en el rito funerario, pasando del enterramiento dolménico de inhumación, al de incineración propio de las necrópolis tumulares. Estamos en el periodo de los campos de túmulos, como el de la Sierra Plana de la Borbolla (Llanes) o el de la Sierra de Penouta (Boal). Además, Asturias cuenta con otros yacimientos arqueológicos pertenecientes a la Etapa del Bronce, como es el caso del Ídolo de Peña Tú (Llanes) y los restos humanos y abundante utillaje hallados en las explotaciones mineras asturianas
La Edad de Hierro en Asturias se caracteriza por la proliferación de numerosos castros, es decir, poblados fortificados situados generalmente en zonas altas. Este tipo de asentamiento es el resultado de un periodo belicoso e inseguro, que obligó a las comunidades asturianas a vivir en recintos dotados de poderosas defensas. En general, estos poblados contaban con murallas, fosos, casas de planta circular o rectangular... Además, muchos de estos castros corresponden a los primeros años de ocupación romana, y en algunos casos estaban relacionados con la explotación de los yacimientos auríferos astures por parte de los romanos. En Asturias se han localizado cerca de 275 poblados fortificados tanto de época prerromana como romana, siendo una buena muestra de la cultura castreña los de Coaña, Pendía (Boal), La Campa de Torres (Gijón)...
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