
GIJON
Gijón tiene tres playas, un puerto comercial, otro deportivo, un barrio industrial, grandes parques, un centro vibrante y un barrio histórico de esencia marinera. Con una población superior a los 270.000 habitantes es la ciudad más poblada de Asturias y la más dinámica.
HISTORIA Y GEOGRAFIA DE GIJON
Pasan muchas cosas en Gijón.
Festivales de cine, de música, literatura, deporte, teatro y
ferias por doquier. Es
la capital de la Costa Verde
y en ella convive el desarrollo urbano con un privilegiado
entorno natural. Gijón tiene algo de gran aldea. El carácter
afable de sus gentes, la ausencia de estrés y la pervivencia
del paisaje asturiano incluso en sus barrios más
vanguardistas, la hacen aún más encantadora.
En cualquier época del año
Gijón nos invita a pasear por sus calles y admirar la
ciudad. La estatua de Don Pelayo preside la estampa del
puerto deportivo
en la plaza del Marqués. En este mismo espacio se alza el
Palacio de Revillagigedo.
Data de las primeras décadas del siglo XVIII y hoy en día es
sede del Centro Internacional de Arte Contemporáneo. Desde
aquí seguimos de frente para internarnos en
Cimadevilla,
el casco antiguo por excelencia, el de los primeros
pobladores.
El barrio presenta un inimitable perfil de mini península,
poblado de casas marineras y coloniales, restaurantes y
plazas donde merece la pena detenerse. También se ubica aquí
la Torre del Reloj,
edificio emblemático que en la actualidad acoge la
documentación arqueológica generada durante más de una
década de excavaciones en la ciudad.
Corona
este barrio singular el
Elogio del Horizonte,
una imponente escultura diseñada por Chillida para abrazar
el mar. Ubicado en el borde septentrional del Cerro de Santa
Catalina, el Elogio es el símbolo universal de la ciudad.
Desde este promontorio descubrimos que la costa oeste tiene
un sabor claramente industrial. Vemos la playa del
Arbeyal,
un arenal artificial caracterizado por el mar en calma. En
la distancia descubrimos el
puerto del Musel,
donde las grúas portuarias hacen su trabajo a todas horas y
los grandes buques comerciales entran y salen de puerto
cargados de mercancías.
Descendemos del cerro pero no nos salimos del casco antiguo.
En la
Plaza Mayor
podemos admirar la construcción del Ayuntamiento (s. XIX) y
disfrutar de un ambiente especialmente asturiano en las
sidrerías que la circundan. Muy cerca, en la
Plaza de Jovellanos,
nos topamos el Museo Casa Natal de este famoso ilustrado,
político y escritor. El inmueble, del siglo XVI, contiene
recuerdos y obras pictóricas y escultóricas de varios
artistas.
Ya estamos al lado de la principal playa de Gijon:
San Lorenzo.
Su
paseo del Muro
está plagado de paseantes, deportistas y, si es verano, de
bañistas. Nos encontramos en el extremo occidental de la
playa, cerca de la Iglesia de San Pedro, y podemos visitar
las Termas romanas,
un conjunto termal único, de los más importantes restos
romanos de España. Su construcción se sitúa entre los siglos
I y II.
Seguimos descubriendo Gijón. La ciudad tiene
un clima templado,
una temperatura que como media anual se sitúa en 15 ºC.
Condiciones ideales para disfrutar de la vida ciudadana en
cualquier estación y pasear sin inclemencias extremas.
Recorremos el paseo del Muro hasta su final. Superado el
río Piles
podemos seguir al borde de la costa unos cuantos kilómetros
más, gracias a una magnífica ruta conocida como
la Senda del Cervigón.
También podemos optar por virar a la derecha una vez
superado el puente del
río Piles
y caminar hacia
el recinto ferial,
sede permanente del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias
y espacio en el que se desarrolla La Semana Negra Gijonesa,
la Feria de Muestras de Asturias y otras numerosas citas
culturales y comerciales. Tras la última ampliación, el
Recinto Ferial cuenta con casi 160.000 metros cuadrados. En
las inmediaciones se encuentra el
Parque de Isabel La Católica,
ocupando un privilegiado entorno de jardines y estanques,
muy cerca también del Estadio de Fútbol de
El Molinón.
Más allá del estadio comienza el barrio residencial de
Somió,
una de las primeras ciudad-jardín que se construyeron en
España. Una de estas casas acoge la
Fundación Evaristo Valle,
un mueso dedicado al pintor y a su obra.
Continuamos con nuestra orientación Este; un poco más
alejado del centro de la ciudad podemos visitar
la Universidad Laboral,
complejo arquitectónico de granito y mármol con dimensiones
que cautivan a todo aquel que decide visitarla. En las
inmediaciones se ha desarrollado un moderno parque
tecnológico y planificado el
Jardín Botánico Atlántico,
un espacio de 16 hectáreas diseñado para albergar más de
30.000 plantas y hasta 2.000 especies diferentes.
Volvemos a Gijón. Seguimos paseando, ahora en el meollo de
la parte moderna, de trazado racionalista y grandes calles,
donde abundan plazas y zonas verdes como los
Jardines del Náutico,
los de Begoña o de la
Reina.
Merece la pena recorrer los comercios de la
calle Corrida,
los antiguos cafés y sidrerías del Paseo Begoña o
internarnos por la calle Uría y Menéndez Valdés hasta llegar
al
Teatro Jovellanos.
Concejo (municipio): Gijón
Población: Gijón
Los interesantísimos
frutos de la investigación arqueológica sobre el pasado
gijonés, desarrollada sistemáticamente a partir de 1982 bajo
los auspicios de su Ayuntamiento y la experta dirección de
José Luis Maya y Francisco Cuesta, permitieron concluir,
tras rigurosos estudios, que el primer asentamiento conocido
de Gijón estuvo en la Campa de Torres, península formada por
el cabo del mismo nombre y situada en el extremo occidental
del concejo, entre el puerto de El Musel al este y la ría de
Aboño al oeste; allí se ubicaba el oppidum o castro de Noega
—citado por historiadores antiguos como Estrabón, Pomponio
Mela y Plinio—, la "ciudad o núcleo fortificado prerromano
más importante de la costa de los astures" (Maya, Cuesta et
alii), con origen en el siglo V a. de Cristo. Este castro
estaría habitado por el grupo gentilicio de los cilúrnigos,
una de las comunidades suprafamiliares de los astures. La
economía prerromana de este castro descansaba sobre una
abundante y variada cabaña ganadera y la metalurgia; la
agricultura se limitaba a la producción de algunos cereales;
mientras que la pesca con caña y la caza eran actividades
complementarias; el intercambio comercial, por su parte,
hizo posible la llegada de productos de origen mediterráneo
o meridional.
Con el siglo I a. de C. da comienzo la ocupación romana y
con ella una temprana presencia del pueblo latino en el
castro de la Campa de Torres, lo que tiene su reflejo, entre
otras cosas, en la transformación del caserío y en la
erección de un gran monumento oficial al emperador Augusto
entre los años 9 y 10 d. de C. —las Aras Sestianas—, del que
sólo se conoce una gran lápida, hoy en una colección
particular.
En la segunda mitad del siglo I d. de C., en tiempos de la
dinastía de los Flavio, aparecen las primeras viviendas en
un nuevo y más favorable emplazamiento: la ladera del
recoleto cerro de Santa Catalina. Era el germen del Gijón
actual (la Gigia de los romanos), implantado en lo que hoy
es el barrio de Cimadevilla, un lugar de alto valor
geoestratégico. El auge de Gijón durante el siglo II d. de
Cristo es un hecho que ha quedado plasmado en las termas o
baños públicos, uno de los conjuntos arqueológicos más
significativos legados por su civilización a la ciudad. Sus
gentes vivían principalmente de la agricultura y la
ganadería, al tiempo que se intensificaba la pesca, de lo
que da fe el hallazgo de los restos —fechados en los siglos
III y IV—, de una factoría de salazones en la plaza del
Marqués, junto al palacio de Revillagigedo.
Con la caída del Imperio romano y las posteriores invasiones
se produjo un abandono de la civitas gijonesa, ignorándose
las causas de su despoblamiento en el transcurso de la Alta
Edad Media, periodo en el que escasean las noticias sobre
Gijón, que revive para la Historia en el momento en que el
soberano Alfonso X le otorga, el 12 de mayo de 1270, la
condición de puebla, hecho reflejado en documentos de San
Vicente de Oviedo. Sin embargo, esa reaparición histórica se
ve ensombrecida por los acontecimientos que siguieron a la
muerte del rey Alfonso XI, en la siguiente centuria; Gijón
sirve, entonces, de escenario a un enfrentamiento entre
partidarios del rey legítimo Pedro I y Enrique de Trastámara.
En el s. XIV gobernaba Gijón Rodrigo Alvarez de las
Asturias, que abarcaba los condados de Gijón y Noreña. Fue
tutor de Enrique II, hijo bastardo de Alfonso XI, al que
Gijón apoyó en sus enfrentamientos con su hermanastro Pedro
I. Enrique II dio a su hijo, Alfonso Enríquez, los condados
de Gijón y Noreña, rebelándose contra su hermano, el rey
Juan I, a la muerte de su padre, y haciéndose fuerte en
Gijón, en 1383, para acabar derrotado y hecho prisionero.
Nuevamente se rebela contra su sobrino, Enrique III, quien
reacciona privándole de sus bienes. Alfonso Enríquez huye a
Bayona, dejando al mando de la villa a su esposa Isabel,
quien en 1395 incendia la ciudad antes de abandonarla.
Entonces, el rey toma la determinación de que Gijón se
incorpore a la Corona. La repoblación de la villa comienza
en 1400. En 1480 los Reyes Católicos dan su autorización
para que en Gijón se construya un puerto y se le den los
medios para llevarlo a cabo.
A partir de entonces la historia de Gijón aparece vinculada
estrechamente al desarrollo de su puerto. En las
postrimerías del s. XV se crea el primer muelle de mar,
complementado en 1552 con un muelle de tierra. Gijón
comienza su actual fisonomía en 1600 al extenderse sobre el
arenal y la laguna que ponía cerco a su antiguo
asentamiento. El Real Decreto de 1765 y el Reglamento de
1778 fueron dos disposiciones que permitieron al puerto de
Gijón el libre comercio con las colonias americanas, lo que
llevó a la villa a conocer un moderado crecimiento urbano,
cuyo ordenamiento se contempló en el Plan de Mejoras para la
ciudad diseñado por Jovellanos y aprobado por el
Ayuntamiento en 1782. A fines del XVIII ostenta la
capitalidad marítima de la región, y se independiza de la
Capitanía de Castilla al comienzo del XIX. Gijón tiene en
1794 el carácter de ciudad industrial y comercial que ya no
le abandonaría.
En mayo de 1809 es ocupada por las tropas napoleónicas, para
ser definitivamente abandonada por las mismas en enero de
1812. Estas y otras circunstancias, como el caos económico
del reinado de Fernando VII, fueron un obstáculo para la
mejora de las infraestructuras portuarias y viarias. El
remedio a esta situación se empieza a poner a partir de los
años treinta del pasado siglo, siendo el primer jalón el
estreno de la carretera Gijón-León (1832). El auge de la
explotación del carbón en la cuenca central asturiana obliga
a realizar obras tan significativas como la apertura de la
Carretera Carbonera (1842), el ferrocarril Sama-Gijón en
1856 y, como solución definitiva, la construcción en 1893
del nuevo e importantísimo puerto de El Musel.
Dos factores fueron fundamentales para que, desde finales
del XIX, alcanzase la condición de ciudad plenamente
industrial: el intenso tráfico de carbón y la entrada de
capital procedente de los emigrantes retornados y de
inversores extranjeros, trayendo como consecuencia,
asimismo, la ampliación de la misma, tras sucesivos
ensanches. La apertura de la vía férrea que comunicaba a
Asturias con la Meseta por Pajares se produjo en 1884 y
contribuyó a su afianzamiento como enclave industrial de
primer orden en el último tercio del s. XIX.
Ya en nuestro siglo, Gijón pasó a ser efímera capital de
Asturias tras ganar mayoritariamente (64% de los votos) las
elecciones de 1936 el Frente Popular. Luego vendría la
dictadura franquista y con ella un primer y prolongado
periodo autárquico, dominado por el hambre y la represión.
Afortunadamente, una vez superado ese negro y eterno túnel,
llega el despegue de los sesenta con la creación de la
factoría siderúrgica de Uninsa (1971), la ampliación de El
Musel y la inauguración de la autopista Y (A-66) en 1976,
que venía a mejorar ostensiblemente las comunicaciones con
Oviedo y Avilés. Esta época de bonanza tuvo repercusiones
urbanísticas y arquitectónicas desafortunadas, como la
creación de impersonales, anodinos bloques de viviendas o la
indiscriminada actuación de la piqueta incivil sobre
edificios históricos.
Hoy, la progresiva modernización de la ciudad y las
excelentes condiciones naturales de la misma la han
transformado en una grata población turística, con miles de
visitantes anuales.
Por decisión municipal, la villa tiene ya escudo desde el s.
XVI, representando al infante don Pelayo, armado, con espada
en la mano derecha y en la izquierda la cruz en alto que le
acompañaba a las batallas.
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